Las semillas de la buena sociedad


"Preparar al niño para que siga el camino de la verdad, cuando llegue a la edad de comprenderla; y al de la bondad, cuando pueda reconocerla y amarla". Rousseau

Cuentan que varios ancianos se reunieron alrededor de una manzana podrida para evaluar si podría ser aprovechada. Todos acordaron que


era imposible puesto que la descomposición estaba muy avanzada y lo único que podrían hacer era arrojarla a la basura. 
Sin embargo solicitaron el consejo de otro sabio anciano con la finalidad de agotar todas las posibilidades. El hombre aplastó la manzana podrida con la mano y coincidió con sus colegas en que la manzana no podía ser aprovechada, pero mostró a los demás que las semillas estaban en buenas condiciones y si se plantaban crecerían nuevos árboles con frutas sanas y sabrosas. 
Me gusta mucho la metáfora de la manzana podrida, porque representa de algún modo a la sociedad actual, violenta, hedonista, con enormes brechas sociales y llena de injusticias. Una sociedad podrida que pareciera no tener remedio, pero que a pesar de todo cuenta con niños y jóvenes como semillas de las que surgirán esas personas buenas que construirán un mundo más justo y equilibrado. 
Mencionar que los niños son el futuro y la esperanza del mundo se ha convertido en un tópico que aparece de manera constante en discursos, pero olvidamos que es en el presente cuando se construye el futuro y este presente se está construyendo con demasiada violencia y muerte, en un contexto nada propicio para un porvenir que debiera ser promisorio.   
Hace tiempo apareció en grandes titulares que el crimen organizado estaba reclutando a niños de la calle, entre 12 y 16 años, preparándolos para actividades delictivas. Fue una noticia que circuló por múltiples medios de comunicación, permaneció en medios y redes sociales por un tiempo, pero después se apagó sin que se volviera a tocar el tema nunca más.   
Una sociedad no puede permanecer impávida ante estos acontecimientos, puesto que son niños los que están siendo destruidos y con ellos ese “futuro” que con tanto afán se repite una y otra vez en arengas políticas. En el artículo 9º de la Declaración de los Derechos del Niño se dice:
 “El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su salud o educación o impedir su desarrollo físico, mental o moral”.
Hay un hermoso proverbio africano que sintetiza magistralmente quiénes son los que intervienen en la educación de los niños, por supuesto sin quitarles el puesto primordial que tienen los padres y la familia:
“Para educar a un niño hace falta una aldea”  
Sabemos que es en la familia donde los niños aprenden a ser queridos y respetados, aprenden los valores y costumbres de sus antepasados y aprenden también a socializar, son aprendizajes que se dan básicamente por imitación, es por ello que los padres están obligados a ser siempre un modelo positivo para sus hijos.
La escuela es otro espacio importante donde el niño socializa y se desarrolla de manera integral, por lo menos en teoría y, en muchos casos, está supliendo el papel de los padres en ausencia de los mismos. Es el lugar donde aprende el valor del respeto, del trabajo y de la solidaridad y los maestros también están obligados convertirse en modelos positivos a imitar.
Vivir en sociedad supone saber convivir, dialogar, evitar la violencia, gestionar los conflictos de una manera pacífica y respetar las normas. Todo eso se aprende en la familia y posteriormente en la escuela, aunque ahora también se incorporan a esa “aldea educadora” los medios y las redes sociales, donde, lamentablemente, no existen demasiados modelos positivos para admirar e imitar.
Si el futuro de la sociedad está en nuestros niños, no bastará con los discursos o las buenas intenciones, ya que todos los que influyen directa o indirectamente en la educación tendrán que asumir su papel y desempeñarlo de la mejor manera:
·     Los padres de familia deberán educar  con responsabilidad y firmeza, ser un ejemplo y colaborar incondicionalmente con la escuela de sus hijos. 
·   La escuela por su parte,  tiene que formar personas con calidad moral y excelencia académica y sus maestros también deben ser un buen ejemplo.
·     Los medios de comunicación, esos grandes “educadores” de masas, tienen que revisar sus contenidos y colaborar en la construcción de una sociedad con valores. 
·  El gobierno deberá proporcionar las condiciones para que los espacios educativos sean seguros y libres de violencia con una educación de calidad.
·     La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gran aula que eduque y proteja estas “semillas”, un lugar seguro donde se desarrollen personas buenas.
Si el niño necesita de la “aldea” para ser educado, esa “aldea” debe obrar en consecuencia. Proteger y cuidar a los niños con amor, atención y respeto, provocará que ellos, en reciprocidad, nos devuelvan un mundo mejor. Sólo así podremos mencionar que los niños son las semillas de esa manzana podrida que es la sociedad actual, sólo así podremos visualizarlos como ese futuro que nos devuelva la esperanza de un mundo mejor.
El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde” Gabriela Mistral   Petra Llamas garcía



Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 4 de noviembre del 2011.petrallamasgarcia@hotmail.com. Twitter: @petrallamas

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