La democracia no es compatible con la ignorancia

 



"Nadie puede construir un mundo mejor sin mejorar primero a las personas". Marie Curie

Me levanté temprano para llegar pronto a la casilla donde me tocaba votar y decidí ir caminando, pero como no conocía la zona me perdí, después de caminar un buen rato. Tampoco llevaba celular, así que no pude orientarme con su GPS.

Le pregunté a una mujer cómo llegar a la casilla y ella comentó algo así como que tal vez aún alcanzaríamos el coche que iba para allá. Caminamos juntas hasta un auto de color negro que estaba por arrancar. Les preguntó si cabía una persona más y me dijo que me subiera.

Desde niña te enseñan a no hablar con extraños y mucho menos a subirte a un coche con ellos. Me asomé y vi que había dos jóvenes al frente y dos ancianitas de aspecto humilde en la parte de atrás y contra todo lo que me habían enseñado, me subí al coche, agradeciendo el detalle de llevarme.

Los jóvenes no sabían bien dónde estaba la casilla y estuvieron dando algunas vueltas y en el trayecto una de las abuelas dijo en voz alta que no podía consentir que ganaran “los otros” y que por eso ella quería votar. No puedo negar que me inquietó el desvío de la ruta y el comentario. Yo me preguntaba de qué partido serían las abuelitas y cuál el de “los otros” ¿Qué tal si “los otros” eran mis favoritos? Finalmente llegamos al colegio que nos correspondía y respiré tranquila.

Agradecí el viaje, me despedí de los cuatro y corrí rápidamente para perderme entre el montón de gente que buscaba la letra inicial del apellido para formarse y votar. No obstante, una de las ancianas compartía letra del apellido conmigo y volvimos a coincidir. La otra votó rápidamente y se unió a nosotras.

Mientras esperábamos, la que había votado empezó a hablarme de la ideología política de su familia y las razones por las que ya no votarían por “los otros”. Me agradó mucho la simpleza de sus razonamientos. No tenía nada que ver con los candidatos, a los que ni conocía, tampoco con sus propuestas sobre el agua, la seguridad, la movilidad o la economía que tampoco conocía y, aunque el Presidente le caía muy bien y creía que obraba de buena voluntad, había cosas que no le gustaban y estaba muy decepcionada.

Su nuera ya no tenía acceso a la guardería para sus nietos y en días pasados, que fueron al Seguro Social, no tenían los medicamentos que ella necesitaba, ya ni siquiera había aspirinas y las que requería le costaron 300 pesos en la farmacia, lo bueno es que las pagaron entre sus hijos. Siguió enunciando todo lo que había dejado de percibir y concluía que el cambio y la esperanza que prometieron no la convencían, por eso quería votar para que “los otros” no ganaran.

Al final nos regresamos caminando, mientras me contaban sobre su juventud trabajando en los campos que ahora ocupaban cotos residenciales. Para mi fue una experiencia diferente, tuve la oportunidad de escuchar el punto de vista de alguien con una ideología muy definida que cambiaba su voto por cuestiones sencillas, nada complicadas y no pude evitar preguntarme si tanto gasto en las campañas habría sido necesario. Fueron campañas en las que se han aprovechado de la pobreza y la ignorancia de la gente, gastando en el proceso un dinero que pudo utilizarse para mejorar su situación.

Yo no tengo tan claro que estas votaciones hayan sido un triunfo de la democracia. La democracia exige, necesariamente, que los ciudadanos estén educados y que voten con conocimiento de causa. El voto de una persona ignorante que ha sido manipulada con dádivas no es democracia.

Tiene Indalecio Prieto, un político socialista español una frase genial que dice al respecto:

“Cuando no existen las posibilidades de educarse, de levantar, dentro de la masa corpórea, la estatua magnífica de un espíritu cultivado, no se puede ser ciudadano”.

Hemos visto debates vergonzosos, sin argumentos, ni propuestas, al igual que los anuncios machacones en redes y medios. No ha habido buenos proyectos, ni una visión de sociedad, sólo promesas de regalos, cual vendedores baratos en oferta. No hemos visto diálogos donde se escuche, se comprenda, se razone o se argumente. Sólo ha habido reproches y trapos sucios. Me queda claro que si queremos una mejor sociedad es tiempo de educar en el diálogo, en saber ceder, en llegar a consensos y sobre todo en pensar siempre en el bien común.

Está bien alegrarse de que haya salido tanta gente a votar; de que esto sea un ejercicio democrático; de que tengamos un organismo que haya arbitrado las elecciones; pero no podemos olvidar que sólo un pequeño porcentaje votó de manera razonada; que otro grupo lo hizo por venganza, intereses económicos o políticos y que una gran mayoría votó con ignorancia y cargando una pobreza añeja.

Creo que nos debemos alegrar cuando disminuya esa pobreza e ignorancia de la que se han aprovechado muchos políticos; alegrarnos cuando no se despilfarre el dinero en campañas destructivas; cuando los candidatos hagan propuestas y la gente las entienda; cuando no prometan lo que no podrán realizar; cuando no ofrezcan regalos para que voten por ellos. Nos debemos alegrar cuando haya una verdadera democracia porque los votantes están educados y ejercen su derecho como auténticos ciudadanos. Petra Llamas

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Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 11 de junio del 2021

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