El valor de la comunicación en la familia


“¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido
” (Fray Luis de León, Siglo XVI)
Hace tiempo se divulgó en noticias y redes sociales un acontecimiento que llamó profundamente mi atención, ya que nunca pensé que algo así se convirtiera en una noticia que pudiera atraer tantos lectores.
Resulta que una familia canadiense decidió prescindir de las nuevas tecnologías durante un año, para criar a sus hijos desconectados de las mismas. Pretendían con ello realizar una especie de vuelta a los 80´s, así que únicamente se mantuvieron una TV, radio y un reproductor de videos VHS. 
La idea inicial era documentarlo como un proyecto, pero finalmente reconocieron que en realidad lo que querían era probar otro estilo de vida ya que, como familia, empezaban a vivir aislados entre ellos y concentrados cada quien en su teléfono inteligente. Querían disfrutar de la familia y sentirse unidos, y obviamente con las nuevas tecnologías no lo estaban logrando. Deseaban educar a sus hijos de la misma forma en la que ellos fueron criados. “Querían enseñarles a sus hijos cómo era la vida”.

Es evidente que no se referían a la que alude Fray Luis de León en su famosa “Oda a la vida retirada”, no se trataba de vivir una vida campestre, alejada del mundanal ruido y en soledad: “¡Oh campo, oh monte, oh río, ¡Oh secreto seguro deleitoso!”. Aunque si querían enseñarles la vida real, debieron permanecer como estaban, porque la vida actual está impregnada de tecnología, sea bien o mal usada, por tanto buscar el aislamiento tecnológico no me pareció buena estrategia

Me parece que lo que en realidad estaban buscando era recuperar el valor de la comunicación, o lo que es lo mismo, el arte de poder hablar y escuchar mientras se miran a los ojos sin que ningún aparato se interponga entre ellos y, paradójicamente, pretendían lograrlo prescindiendo de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC´s) que son herramientas que se desarrollaron justamente con la función prioritaria de comunicar. Claro que si querían recuperar esta actividad tan importante.

Casi por las mismas fechas, en un restaurante, pude ver una familia con dos hijos. Cada uno de ellos tenía en sus manos una tablet con la que jugaban entretenidos, ignorándose mutuamente e ignorando de paso a sus padres. El papá por su parte tecleaba con nerviosismo en su smartphone, mientras la mamá, única del grupo que no estaba utilizando ningún tipo de tecnología, fijaba su vista en la nada, resignándose a una soledad en compañía.  Entonces entendí mucho mejor la decisión de esa familia canadiense.

La familia, el reducto por excelencia donde el niño aprende a socializar, se empieza a convertir en un espacio donde también está aprendiendo a aislarse. Antes era la TV en cada habitación la que promovía dicho aislamiento, después el lugar fue ocupado por la computadora con internet y ahora son los teléfonos inteligentes los que parecen haberse adueñado de la voluntad y el interés de todos y cada uno de los miembros de la familia.

La comunicación es necesaria en todos los ámbitos de la vida, pero en el hogar se convierte en un mecanismo esencial para la buena relación de todos sus elementos y debe contar con canales apropiados para que sea clara, directa y sin ninguna interferencia. El abuso de las nuevas tecnologías reduce el tiempo que se puede dedicar a actividades más sanas y productivas como son precisamente esa comunicación en la familia, el deporte, la recreación al aire libre o la lectura.

Su abuso está ocasionando también una disminución en la capacidad de concentración de muchos niños que, acostumbrados a la rapidez con la que obtienen información, ya no son capaces de atender una conversación, escuchar al profesor o concentrar su mente en un problema, además de que está afectando su capacidad para el esfuerzo, la paciencia y la perseverancia.

Tal vez no sea necesario alejarse un año de las tecnologías, creo que sería suficiente con enseñar a los hijos a cómo usarlas, para que conozcan los riesgos relacionados con su seguridad y las consecuencias de socializar  en un mundo virtual, además de establecer reglas claras para evitar la adicción

En esa tarea, como en otras que involucran la educación de los hijos, la familia tiene un papel preponderante y debe ejercerlo sin miedo, con conocimiento de causa y firmeza, pero sobre todo con la fuerza que proporciona el ejemplo.

Una familia feliz es una larga conversación que siempre parece demasiado corta”. André Maurois Petra Llamas García. 

Publicado en La Jornada de Aguascalientes el 27 de septiembre del 2013. petrallamasgarcia@hotmail.com . Twitter: @petrallamas

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