Balance del año COVID-19

 Quiero creer que voy a mirar este nuevo año como si fuese la primera vez que desfilan 365 días ante mis ojosPaulo Coelho

No sé si detrás de cada mal hay un bien, como dice el dicho popular. “No hay mal que por bien no venga” o los seres humanos con nuestra capacidad de adaptación buscamos algo positivo dentro de la desgracia, como un mero consuelo, “El que no se consuela es porque no quiere” lo cierto es que todos estamos buscando lo positivo de esta pandemia y deseando que acabe este año.

En el balance del año que está por terminar, uno de los hechos más lamentables y tristes es el de la muerte de tanta gente. Detrás de esas personas, que al principio no conocíamos y que posteriormente se dieron en nuestro entorno más cercano, hay miles de familias que lloran y sufren y que tal vez aún no puedan superar su duelo, tanto por las circunstancias en las que perdieron a sus seres queridos, como porque, en muchos casos, no pudieron despedirse de ellos.

La muerte, el dolor y el miedo aún siguen, pero esta epidemia nos ha llevado a valorar más la vida y darnos cuenta de la importancia de cuidar de la salud y percibimos que, si bien nadie está inmune al mal, los que están enfermos o descuidaron su cuerpo, son más vulnerables. Ya nos estamos preocupando un poco más en la alimentación y el ejercicio.

La pandemia del COVID-19 nos subió a la era digital de manera acelerada. Escuelas, empresas, gobierno, comercios, maestros y demás tuvieron que transformarse y reinventarse, al tiempo que aprendían sobre la marcha el uso de aplicaciones y plataformas digitales.

En educación, el aula física se cambió por un ambiente virtual, con todas las dificultades que ello suponía para maestros y alumnos. Algunos se quedaron en el camino porque tuvieron que trabajar para ayudar a sus padres; otros no tenían los medios suficientes para continuar con una educación digital. Descubrimos una desigualdad que nos mostró su peor cara. La educación que se presumía gratuita, ya no lo era, ahora exigía equipos electrónicos y conectividad, algo que no está al alcance de todos. Estas graves cuestiones aún están pendientes y los gobiernos tienen que tomar cartas en el asunto.

Una cosa que sí les vino muy bien a los niños fue la convivencia más cercana con sus padres. Por fin, el postulado que afirma que la educación descansa en la familia y se fortalece en la escuela, se hacía realidad. Los padres nunca pensaron que serían maestros de sus propios hijos, pero tuvieron que asumir ese papel por el bien de ellos. Por fin se cumplía el deseo de que los papás pasaran más tiempo con sus hijos y a estas alturas todos se dieron cuenta también de que es importante tanto el tiempo de calidad como el de cantidad.

Desde luego que esto no aplica para aquellos niños que viven un infierno en su familia y que la reclusión agravó. Éste es otro triste capítulo de la pandemia, la violencia intrafamiliar, que aumentó terriblemente y que costó la vida de muchas mujeres.

Por otro lado, este encierro como medida de protección, nos permitió valorar el contacto social que vivíamos de manera natural. Abrazarnos, besarnos o estar cerca del otro se volvió un deseo vetado, reducido únicamente al núcleo familiar. El contacto físico ha sido una de las más grandes carencias, ya que el ser humano es gregario y no lleva bien el aislamiento social.

En cuanto al consumismo, que era la actividad favorita de nuestro tiempo, descendió a niveles inconcebibles, es cierto que se cambió por el comercio digital, pero no con el mismo éxito. Los centros comerciales y el sector de la hostelería tuvieron que cerrar y  muchos quebraron o perdieron su trabajo, todo ello agravado por la inexistencia de otros empleos a los que recurrir.

Afortunadamente la vacuna ya ha empezado a aplicarse y poco a poco todos los países tendrán acceso a ella. Esperemos que no tengamos que volver a vivir una situación como ésta para darnos cuenta del valor de la vida, la salud, la familia, los maestros y la escuela, por mencionar los más importantes. Esperemos también que las empresas tengan más responsabilidad social y sobre todo, esperemos que los gobiernos ejerzan el presupuesto con ética, porque ya no puede seguir existiendo una desigualdad tan grande.

No podemos predecir cómo será el 2021, porque eso también fue un golpe a la soberbia del hombre que creía tener todo bajo control, pero lo que sí queremos es un año donde la vida sea el bien más preciado y que el cuidado de nuestra salud sea permanente; donde podamos recuperar las relaciones sociales; donde los gobiernos garanticen políticas públicas pertinentes y que el presupuesto se distribuya equitativamente; donde los padres ya no descuiden la educación de sus hijos; donde la tecnología sea un apoyo y no una excusa para el aislamiento; donde veamos al otro con empatía y comprensión; un año sin violencia, drogas ni crimen. Tenemos que avanzar hacia una sociedad más justa y solidaria, enfocada más en el ser que en el tener.

Hago votos por un 2021 muy diferente y concluyo haciendo mías las palabras de Alfred Tennyson: “Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño ponemos coraje y esperanza”

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